Por: Daniel Ivoskus*

            Podría decirse que, mas allá de lo grandes niveles de desaprobación que hoy refleja la figura del Presidente Lenin Moreno, los ecuatorianos comienzan a ver la famosa luz al final del túnel: confían y creen que luego de su mandato, Ecuador estará mejor de la mano de otros dirigentes.

            Esto lo expresan estudios cuantitativos y cualitativos efectuados por el CIEES, de los cuales se desprende que el electorado ecuatoriano se encuentra sumergido en la decepción y la angustia. Esa decepción, queda claro, tiene una sola raíz: deviene de la clase política, por eso lo que se refleja en realidad es una desconfianza generalizada en todo lo que representa actores e instituciones del Estado, aunque también hay una proporción pequeña de instituciones privadas.

            La angustia también esta presente, y tiene origen en la crisis económica que vive el país, con efectos dramáticos en las familias ecuatorianas: desempleo, despidos, reducción de salarios, alza de precios, alza de los combustibles. A estos problemas económicos se suma la preocupación por la salud.

            El COVID-19 ha evidenciado falencias en el sistema de salud pública, generando pérdidas humanas y también gravísimos problemas de orden económico. Una situación atravesada por toda la población mundial.

            Sin embargo, en Ecuador esta problemática recrudece. Porque, siempre según los sondeos, el Gobierno Nacional ha tomado medidas que no han aportado a la tranquilidad, mucho menos a la protección ni a la reactivación económica. Al contrario: la población se siente abandonada y abusada, en particular por medidas decretadas a través de la Ley Humanitaria, que permitió despidos sin indemnizaciones y reducción de salarios al 50 por ciento.

            Es así como el período pre-electoral se va configurando en medio de problemas graves que se reflejan en un electorado apático, desconfiado y cada vez más individualista. Este estado de ánimo dificulta completamente la comunicación, ya sea gubernamental o electoral, pues el pesimismo produce un efecto de bloqueo.

            Precisamente, ese será uno de los grandes retos que tendrán las campañas electorales en el Ecuador: romper la barrera de comunicación estructurada a partir de la desconfianza ciudadana, así como superar el ruido comunicacional producto principalmente del abuso de las diferentes herramientas de redes sociales.

La coyuntura

            El escenario pre-electoral en lo que ha transcurrido hasta octubre del 2020 todavía no está definido, pero se va configurando poco a poco. En principio parecía que la papeleta presidencial sería una sábana enorme. Pero al pasar las semanas, las opciones han ido disminuyendo; unos se han retirado, otros se han aliado, otros han sido eliminados.

            Paralelamente, todas las encuestas van en el mismo sentido: la labor del Presidente Lenin Moreno es calificada negativamente por la mayoría de los encuestados: 88% en Azuay, 78% en Guayas, 81% en Manabí y 81% en Pichincha. Obteniendo saldos negativos récord en las mediciones de este indicador: -82 en Azuay, -62 en Guayas, -68 en Manabí y -67 en Pichincha.

            El estado de ánimo de la población ecuatoriana es de un profundo pesimismo en lo que respecta a la situación actual que atraviesa el país (entre el 80 y el 93 de porcentual negativo en las cuatro provincias), y la situación económica de las familias, que oscila entre el 67% y el 77% negativo en las cuatro provincias.

            Sin embargo, el futuro es percibido con mayor optimismo tanto en los dos ítems: entre el 49% y el 61% cree que el país estará mejor, y entre un 64% y un 74% refiere que mejorará la situación de las familias.

Candidaturas claves

            Siempre sostengo que las encuestas sirven para todo menos para decir quién va a ganar. Sin embargo, en esta coyuntura corresponde enfatizar que la alianza CREO-PSC, encabezada por Guillermo Lasso, es quien hoy por hoy tiene la mejor situación en términos de posicionamiento, sobre todo a la hora de pensar en un intento de componer un bloque fuerte anti correísta.

            Por su parte, el binomio Arauz-Rabascall, por la alianza Compromiso Social-Centro Democrático, la misma que acoge al correísmo y a organizaciones progresistas, cuentan con un respaldo importante del electorado. La opinión pública considera que Correa dejó múltiples avances para Ecuador en materia de Educación, economía y desarrollo teniendo una de las economías más estables de la región. Además, Arauz y Rabascall son candidatos con buena imagen.

            También están en la contienda electoral Yaku Pérez, candidato del Movimiento Pachakutik (brazo político de la CONAIE), quien simboliza la importante y recordada protesta indígena de octubre de 2019 que estuvo a punto de tumbar a Lenín Moreno, al que lo salvó la llegada de fin de año y, mas aquí en el tiempo, la Pandemia del Covid -19.

            Finalmente,  el outsider Isidro Romero, empresario guayaquileño alejado por décadas de la vida política y del país, aparece como una opción renovada, desconocida, con poca intención de voto, pero con potencial de crecer.

            Este contexto rodeado de varias polémicas y debates, incluye un Consejo Nacional Electoral (CNE) con mala imagen en la opinión pública, lo cual representará en cada etapa del proceso un problema, debido a la desconfianza que sienten los ciudadanos y ciudadanas con respecto a su funcionamiento. Esta desconfianza podrá pasar su mayor factura el 7 de febrero de 2021, cuando tenga la responsabilidad de los resultados finales de la contienda electoral.

            Con todo, el peligro de las actuales desafecciones de la crisis económica y política sumada a la corrupción hace de las elecciones en Ecuador un panorama bastante complejo y polarizante. No hay amor posible. Reina el odio y desde ese sentimiento partirán la gran mayoría de los sufragios.

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* Daniel Ivoskus es Presidente de la Cumbre Mundial de Comunicación Política. Como Consultor ha participado en campañas electorales y asesorado a Gobiernos en Argentina, Colombia, México, República Dominicana, Perú y Ecuador.

Fue Diputado de la Provincia de Buenos Aires en el periodo 2015 al 2019. Fue Concejal del Municipio de General San Martín, Buenos Aires, Argentina durante los períodos 2005-2009, 2009-2013 y reelecto 2013-2017. 

Director de El BunkerCP el primer programa de TV dedicado a lo mejor de la comunicación y consultoría política.

Magister en Desarrollo Económico Local (Universidad Autónoma de Madrid y Universidad Nacional de Gral. San Martín), Licenciado en Comercialización (Universidad de Palermo). 

Actualmente es asesor general en el Club Deportivo Boca Juniors de Argentina.

Ha escrito numerosos artículos y columnas periodísticas, es autor de los libros “Lo que no se dice, no es” (2007), “Vivir conectados” (2008) –que recibió el Premio al mejor Libro Iberoamericano de Comunicación-, “Obsesión digital” (2009) y el Libro “Ellas, Mujer y Política” (2014), “Imagen política: Una mirada gráfica”, (2014). Editor de los libros de la I a la XII Cumbre Mundial de Comunicación Política. Autor del libro El Arte de la Comunicación Política. (2017). Mentirosamente (2019).

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