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Democráticos. Impopulares. Necesarios. Dicen que el grueso de la población no los ve, que no influyen en la votación final, que quienes siguen estos eventos son personas que ya definieron a quién van a apoyar, la verdad es que estas premisas cambiaron. En una sociedad mediatizada, y no por los medios tradicionales, los eventos políticos toman similar relevancia a un partido de fútbol o un concierto, el cual cuenta con espectadores ávidos por encontrar a alguien que levante su apatía ante la política.

En las últimas dos semanas, la agenda mediática de las elecciones 2021 han girado en torno a los debates organizados por Diario El Comercio, Cámara de Comercio de Guayaquil y el Consejo Nacional Electoral. La mayoría de candidatos asistieron a los tres llamados, solo dos no lo hicieron: Andrés Araúz de UNES y Yaku Pérez de Pachakutik, quienes estuvieron este fin de semana en el debate obligatorio organizado por el CNE, caso contrario hubiesen sido descalificados.

Los postulantes mencionados perdieron una gran oportunidad de conquistar nuevos votantes o retener algunos que aún no están convencidos de apoyarlos, pero prefirieron faltarle el respeto al electorado. Político que no debate, no merece la atención de la ciudadanía. Si una persona desea acceder a un cargo de elección popular debe estar listo para el escrutinio porque ellos son nuestros representantes y nosotros los mandantes, así que necesitamos escucharlos y ustedes, candidatos, dar la cara ante las circunstancias.

Más allá del reclamo, los debates dejaron algunas revelaciones y muchas desilusiones. Los ecuatorianos conocimos, escuchamos y criticamos a los 16 postulantes a la presidencia del Ecuador. La mayoría de candidatos no contaban con el reconocimiento de los electores. En estos espacios recién se vieron a otras figuras aparte de los señores Lasso, Araúz y Pérez, quienes lideran las encuestas. Existieron sorpresas agradables como la participación de Pedro Freile, el candidato del movimiento AMIGO del procesado penalmente Daniel Mendoza, Xavier Hervas de la Izquierda Democrática y un Gustavo Larrea que demostró su experiencia en política, pero también dejó un sabor agridulce por parte de Montúfar que cayó en un juego absurdo de lanzar veneno que más se parece al estilo de Isidro Romero y no al que ha mostrado a lo largo de su carrera. Los demás poco o nada, más allá de una mala intervención de un cantante y exministro, vestimentas llamativas y propuestas poco creativas.

En estas circunstancias y a tres semanas de los comicios, nada está definido. En campaña cada minuto cuenta, cada acción tiene su repercusión y una mala intervención puede resultar letal. Ya vimos que sí pueden hablarles a los ecuatorianos sin hacer el ridículo en TikTok, bueno, ese análisis quedará para la siguiente entrega.

David Jiménez Abad

Consultor en Comunicación y Marketing

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